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JUSTICIA BAJO LA DICTADURA,1930,SALAZAR ALONSO,ALCALDE MADRID FUSILADO GUERRA CIVIL ESPAÑOLA,FIRMADO


4 fotos JUSTICIA BAJO LA DICTADURA,1930,SALAZAR ALONSO,ALCALDE MADRID FUSILADO GUERRA CIVIL ESPAÑOLA,FIRMADO (Libros antiguos (hasta 1936), raros y curiosos - Historia - Guerra Civil Española)

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    Zustand: Normal (mit normalen Gebrauchsspuren)

    ALGUN DEFECTO EN ENCUADERNACION.


    EXCEPCIONAL LIBRO

     

    -LA JUSTICIA BAJO LA DICTADURA-

     

    AÑO 1930

     

    DE

     

    RAFAEL SALAZAR ALONSO

     

    ALCALDE DE MADRID Y MINISTRO DE GOBERNACION

     

    FUSILADO DURANTE LA GUERRA CIVIL POR LA REPUBLICA

     

    ¡¡ FIRMA Y DEDICATORIA DEL MISMO AUTOR ¡¡

     

    PAGINAS: 307 + INDICE

     

    MEDIDAS:12 X 18 CM

     

    TAPAS DURAS

     

    ESTADO:

    LA ENCUADERNACION PRESENTA EN UNO DE SUS LADOS DEL LOMO FALTAS DE MATERIAL,MAS ESTETICAS QUE FUNCIONALES.ESTA FIRME.

    INTERIOR CON LEVES MANCHAS ALEATORIAS QUE NO PERJUDICAN SU LECTURA

     

    BIOGRAFIA

     

    Salazar Alonso, Rafael. Madrid, 27.XII.1895 – 23.IX.1936. Político, ministro, alcalde de Madrid.

    De familia humilde —su padre fue modesto peluquero—, cursó la primera y segunda enseñanza en centros públicos de la capital de la nación y la carrera de Derecho en la Universidad Complutense, alternándola con el trabajo dada su carencia de medios propios. Periodista y escritor de variado pero adocenado registro, sintió muy pronto la llamada de la política, militando desde joven en asociaciones republicanas.

     

    Caída la Monarquía alfonsina, fue concejal de la corporación municipal madrileña en representación del Partido Radical, revelándose como hombre de gestión por la energía de su carácter y dotes organizadoras. Afiliado a la masonería en una época en que la pertenencia a dicha asociación propiciaba el cursus honorum de sus adictos, fue diputado por Badajoz en las dos primeras legislaturas republicas, destacándose en las Cortes por su verbo tribunicio y ardor doctrinal. Presidente de la Diputación Provincial de Madrid, su jefe político, Alejandro Lerroux, le integró en su primer gabinete cuando éste sufriera la crisis parcial de comienzos de marzo de 1934. Fue su destino la importante cartera de Gobernación, que ocupara en sustitución del dimitido Diego Martínez Barrio. Al fin de su mandato, el jefe radical impuso su continuación en el gabinete de Ricardo Samper a manera de lazo entre uno y otro y signo de permanencia del mejor radicalismo. Durante el semestre de su paso por el poder ejecutivo reivindicara en todo momento el principio de autoridad y las prerrogativas del Estado en un sistema de libertades como el republicano. El enfrentamiento que tan decidida postura entrañara con los sectores sindicalistas y más extremosas fuerzas arruinó sus opciones políticas —la presidencia del Consejo de ministros—, pero le valió una gran celebridad en extensas capas de la nación, provocando, finalmente, su salida o expulsión de la masonería, acusado de “traición a su espíritu”. En el pulso mantenido a finales de la primavera de 1936 entre la flamante Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, de obediencia ugetista, y el gobierno a consecuencia de la huelga general que aquélla iba a declarar para impedir la recolección de la llamada “cosecha del siglo”, las medidas adoptadas —prisiones preventivas, suspensión de municipios socialistas, exhibición de fuerza— por un ministro crecientemente convencido del pronto estallido de un movimiento revolucionario de grande y arrolladora magnitud, de naturaleza y fines semejantes al octubre ruso, se revelaron por entero disuasorias y los cereales pudieron entrojarse en todo el país, con la consiguiente popularidad del inspirador y ejecutor del plan diseñado.

     

    En un libro-testimonio, escrito “en vivo” y muy difundido en su tiempo —Bajo el signo de la Revolución (Madrid, 1935)—, describiría con vigor el titular de Gobernación en la etapa samperiana la gráfica del fenómeno revolucionario a lo largo del convulso verano en fuera responsable de dicha cartera, en cuyas páginas deja al descubierto la orfandad padecida por su política en un gabinete irrefrenablemente ganado por el desconcierto y el temor ante el encrespamiento de las tensiones políticas y sociales. Bien que ante tal panorama ofreciera, en la reanudación del curso parlamentario, a su presidente su voluntario cese al objeto de silenciar ciertas voces críticas, su abandono se debió en puridad al veto personal del presidente de la República, alérgico a su temperamento y actitud, hasta el extremo de acusarlo de implacable “espionaje”, según Lerroux. Persuadido éste de la valía política de su seguidor, facilitó ulteriormente su nombramiento como alcalde de Madrid, cargo al que renunciaría al conocerse el affaire del “Straperlo”, para limpiar, al menos parcialmente, la imagen de un partido denostado con frecuencia por su proclividad hacia la tabidez. Sin su acta de diputado pacense en la legislatura del Frente Popular, fue víctima de una implacable caza del hombre por elementos sindicalistas.

     

    Encerrado en una checa, fue uno de los primeros fusilados en Paracuellos del Jarama (Madrid), en las matanzas del otoño madrileño de 1936.

     

     

     

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