XILOGRAFÍA - REPRESENTA LA LEYENDA DE LA DONCELLA DE BUERA - MEDIDA: 50X39 - FIRMADA Y NUMERADA -


10 fotos XILOGRAFÍA - REPRESENTA LA LEYENDA DE LA DONCELLA DE BUERA - MEDIDA: 50X39 - FIRMADA Y NUMERADA - (Arte - Xilografía)

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    XILOGRAFÍA - REPRESENTA LA LEYENDA DE LA DONCELLA DE BUERA - MEDIDA: 50X39 - FIRMADA Y NUMERADA -

    Buen estado de conservación.

    Firmada por el artista

    Título de la obra: 10 - Venciste.

    Medidas: 50 x 39 cm

    Representa la leyenda medieval de la doncella de buera, a continuación se detalla mas sobre dicha leyenda:

     Vamos a hacer un viaje a los albores de la Edad Media, cuando los ejércitos musulmanes señoreaban en estas tierras del Somontano. La época en la que convivieron musulmanes y cristianos fue escenario de luchas, engaños y fronteras. En el Somontano no fue menos y las rencillas entre unos y otros se sucedieron dando lugar a historias que se han transmitido a lo largo del tiempo.

     La fortaleza de Alquézar se alzaba sobre la misma peña en la que hoy tenemos la Colegiata de Santa María la Mayor, asomada a los abismos esculpidos por el  río Vero. La bandera con la media luna ondeaba en lo alto de cada torre. Este era un lugar estratégico y desde él, la guarnición de soldados sarracenos y su señor conseguían imponer su dominio en las tierras próximas, exigiendo “el tributo de las doncellas”; que consistía en llevar a su harén privado a las muchachas más bellas de los alrededores.
    RÍO VERO

     

     Hartos de esta situación los cristianos se reunieron para trazar un plan y acabar con ese humillante trance y decidieron que la doncella que iba a llevar a cabo dicho plan sería María, una bellísima joven de Buera. María consiguió llegar hasta el castillo del gobernador y una vez allí lo sedujo. Cuando los dos quedaron a solas la joven sacó un estilete que llevaba bien escondido en su larga trenza y asestándole una fuerte punzada le dio muerte. Seguidamente empapó su pañuelo con la sangre del gobernador y, cumpliendo con lo acordado, salió a la ventana agitándolo. Esta era la señal que esperaban los cristianos para atacar por sorpresa. Salieron de sus escondrijos y todos al mismo tiempo avanzaron hacia el castillo. Los soldados musulmanes, confusos ante el ataque repentino, no supieron cómo reaccionar y desesperados tras conocer la muerte de su rey decidieron darse fin de forma voluntaria, antes que morir en manos de los cristianos. Con pañuelos vendaron los ojos de sus caballos, se montaron en ellos y emprendieron el galope para precipitarse por el abismo, en el que rugían las aguas del Vero. Es así como los cristianos se hicieron con el poder de la fortaleza que todavía hoy podemos admirar. También los escudos de varias casas del pueblo recuerdan esta historia. 

     

    Los más viejos del lugar dicen que hay noches que pueden escucharse gritos en el barranco, bajo el castillo, y que proceden de las almas de aquellos hombres que se tiraron al vacío con sus caballos.