TOMÀS MARTINEZ SUNYOL (DIEULEFIT, 1.964) - MAGNIFICO OLEO/TELA ENMARCADO 39 X 33 - SUÑOL


4 fotos TOMÀS MARTINEZ SUNYOL (DIEULEFIT, 1.964) - MAGNIFICO OLEO/TELA ENMARCADO 39 X 33 - SUÑOL (Arte - Pintura - Pintura al Óleo Contemporánea )

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    SUÑOL - TOMÀS MARTINEZ SUNYOL (DIEULEFIT, 1.964) - MAGNIFICO OLEO/TELA ENMARCADO 39 X 33

    TOTALIDAD DEL JÚBILO EN LA PINTURA DE TOMÁS MARTINEZ SUÑOL

    Recuerdo con satisfacción que presenté en una galería la pintura de Tomás Martínez Suñol. Entonces conocía por primera vez su obra y solo sabía de él que había nacido en una población francesa (Dieulefit) en 1964, dentro del exilio familiar; que su padre (Joaquín Martínez Lerma) y tío (Àlvar Sunyol) eran pintores, motivo por el que desde siempre había vivido entre cuadros; y que vivía en Badalona, ciudad de la que procedían los suyos. Era poca cosa, aunque después añadí que al principio se había dedicado a la ilustración y que, durante una temporada, alumno de la escuela Massana, también había practicado la cerámica. Sabía, pues, un poco más de él, pero el conocimiento de verdad, el que realmente me interesaba, lo obtuve mirando los cuadros que realizaba y que me hicieron pensar y decir que nos encontrábamos en presencia de un verdadero artista que conseguía crear, a partir de las sensaciones que recibía del espacio que frecuentaba, un mundo propio de valor estético.

    Ahora, de nuevo, gracias al acierto de la misma sala y a la constancia del artista, todos ustedes y yo nos volvemos a encontrar ante la obra de Tomás Suñol, y debo decir de entrada, sin esperar, que todo lo que, modestamente pero con convicción , vi en él, se confirma y se amplía, porque, sabiamente y con sensibilidad cada vez más aguda, el creativo no ha dejado de introspeccionarse y ha encontrado muchas más cosas de las que ya veía en unos momentos que para mí fueron de verdadero encuentro con las esencias de los paisajes que nos rodea.

    Afortunadamente para el autor y para nosotros, se adentra por callejones que son de lo más habitual, y por los que con la mirada avanza a través de la soledad, cada vez más acompañado por él mismo, bajo luces estallantes que muestran pequeñas puertas que invitan a huir de una sombra que parece igualarlo todo, pero él rechaza esta tentación de comodidades mentales y llega hasta el exterior abierto de par en par, donde el mar y la tierra se unen y hierven de una diversidad de ideas a las que Tomás Suñol pone orden evocando una inmensidad final a la que todos iremos a parar cuando sea nuestra hora particular.

    La pintura de Suñol es de aquellas en las que hay que entrar; aún más, sumergirse y sentir con ella todo lo que desde la débil realidad de una figuración muy esquemática nos lleva a la abstracción más agradable para la totalidad de los sentidos. Con ella no hace falta pensar ni razonar, tan solo tenemos que disfrutarla.


    LA SOMBRA COMO MANIFESTACIÓN DEL ESPÍRITU

    Nacido en Dieulefit (Francia) el año 1964, Tomás Martínez Suñol vivió desde pequeño en un ambiente plenamente artístico. Hijo y sobrino de pintores –su padre, Joaquim Martínez Lerma, y su tío, Àlvar Suñol- muy pronto demostró gran interés por la expresión plástica. Puesto que sus tiempos de formación eran difíciles –siempre lo han sido para los artista vocacionales- orientó su facilidad para el dibujo y para el color hacia la ilustración. Llegado a Cataluña con la familia, se estableció en Badalona, asistió a la Escuela Pau Gargallo y en ella demostró sus cualidades creativas, que le llevaron a relacionarse con editoriales, ferias y certámenes internacionales. En este amplio espacio su actividad ha sido particularmente intensa en toda Europa y América y sus obras, que habitualmente firma como Tomás, su nombre de fondo, son especialmente valoradas.

    Ahora tenemos la oportunidad de encontrarnos ante una muestra pictórica suya, aspecto éste donde, a pesar de haber participado en diversos concursos y ser siempre seleccionado para exponer y premiado en diversas ocasiones, ha dedicado poca atención. Y es lástima, puesto que demuestra gran capacidad técnica y especial sensibilidad para el color, con el que hace llegar de una forma muy directa su interesante visión del entorno.

    Pienso que, de una forma quizás inconsciente, Tomás Martínez Suñol, describe con su interés por las sombras –donde hay luz siempre hay sombra- mucho de la actual situación humana. Vivimos en una sociedad donde las imágenes de las cosas que creemos básicas –a pesar de todo todavía lo son- las sentimos huidizas y cambiantes, siempre móviles. Y él establece sus valores y pone de relieve que, a pesar de encontrarse en un segundo estadio –primero la luz, después la sombra- explican la intimidad de la realidad que nos rodea y que lo hacen mucho mejor que las formas establecidas. Caminar por uno de los callejones que él nos describe, ver sus ventanas, sentir como son los manteles rojos y observar la sombra de la toalla que el vecino ha puesto al sol para que se seque –doy unos cuantos ejemplos, pero las sensaciones son muchas más- permite sentirse en la esencia hueso de las cosas que nos hacen sentir seguros. Tiene la valentía de establecer la fuerza perenne de lo que parece complementario y que, en realidad, tanta importancia tiene en el recuerdo de todo lo que nos rodea. Perder la sombra de día o a la luz de la luna parece imposible –el italiano Chamizo escribió sobre esta cuestión-, pero dicen que pasaba con aquellos hombres que vendían el alma al diablo. Nuestro pintor lo recuerda, porque pone todo su gran espíritu creativo y de resistencia a las tentaciones en ella. Por: José Maria Cadena


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España (Barcelona)
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