Un tranquilo pueblo montañés descansa bajo una brillante luna llena. Las cálidas ventanas brillan suavemente contra los tonos fríos de las casas de piedra, mientras un sendero serpenteante atraviesa la escena pacífica. Montañas distantes enmarcan el pueblo, creando una atmósfera serena y onírica donde la noche, la luz y el paisaje se funden en un momento poético y tranquilo. Óleo sobre lienzo. Firmado y barnizado.
40x40x2 cm