Un tranquilo campo de amapolas rojas que se extiende hacia los Pirineos bajo un cielo luminoso. Los tonos del prado contrastan con las flores, creando una atmósfera calmada y un poco onírica. La luz sobre las montañas se puede percibir como la primera luz de la mañana o el último calor del día, añadiendo suavidad y profundidad al paisaje. Pinceladas simples y colores vibrantes le dan a la escena una sensación pacífica y mediterránea, inspirada en la naturaleza y los espacios abiertos. Óleo sobre lienzo. Firmado. Barnizado.
40x50x2 cm