JESÚS VILLAR (1930 - 2015)

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JESÚS VILLAR (1930 - 2015)

                           JESÙS VILLAR,  OLEO SOBRE TABLA  60 cm x 45 cm  

El pintor Jesús Villar nace en el año 1930, ha vivido y pintando en las dos Castillas, Andalucía, La Mancha, Santander, Vizcaya, Stuttgart, casi toda Italia, parte de Suiza y Venezuela. Un artista, en suma, con paleta e inquietudes viajeras.

Ha estado presente y reconocido en la Exposición Nacional de Bellas Artes (Madrid), Margozaltark, Biarritz (Francia), Ciudad de Barcelona, Pintura Joven Española, Oslo (Noruega), Fundación Rodríguez Acosta (Granada), Pabellón Feria Mundial de New York (Estados Unidos), Museo Provincial de Bellas Artes (Cádiz), Saletta d'Arte Cortina D'Ampazzo (Italia), Selección Dibujo y Pintura, París (Francia) Muestra Internacional de Pintores Extranjeros en Milán (Italia), etc.

Asimismo ha expuesto individualmente en Málaga, Madrid, Bilbao, Barcelona, Cádiz, Burgos, León, Estados Unidos (New Jersey, Minneapolis, Chicago, San Diego), Italia (Roma, Nápoles, Verona, Sangineto), Stuttgart, Caracas, encontrándose su obra repartida entre los museos y colecciones más importantes del mundo artístico.

EL "CAMPO UNIVERSAL"
Jesús Villar pinta lo que él denomina su "campesino universal", aquel hombre que lo mismo puede encontrarse en los campos de León, en las tierras jienenses o en las tierras de Nápoles.

Es un personaje que se fragua a medias entre la realidad y su arte, con procedencia de un país mediterráneo y de la fantasía del artista en su estudio. El cromatismo se enciende en un juego armónico entre los colores de los vestidos, delantales, pañoletas y sombreros. El artista pinta para el cuadro, lo importante es el resultado cromático, el juego sorprendente de la paleta.

Poco importan ya que las figuras no respondan al estereotipo de un paisaje concreto, porque son criaturas de un mundo superior: el del arte que tiene y maneja sus propias reglas. Su maestría para componer conjuntos humanos en corridas, pescadores en el puerto, procesiones, romerías o almuerzos y meriendas campestres está repetidamente probada.

Distribuye el arco de sus personajes con lo morosidad del retrato individualizado para cada uno de ellos. En sus cuadros con almuerzos colectivos no se sabe, si admirar más a sus personajes uno a uno o la gracia total del conjunto donde se dan la mano de modo airoso y creíble en la escena, los hombres, los animales domésticos que los acompañan, y el despliegue de cacharros y comidas que constituyen el condumio.

Sus toreros, son también personajes de pueblo, aldeanos algo grotescos en su arrogancia ingenua, que despiertan cierta sonrisa con su aparente solemnidad.

Una mención aparte merecen los niños y pilluelos de Jesús Villar, el artista retrata con afecto y morosidad a los personajes como si de un retrato de corte se tratara. Al igual que Murillo, el pintor se deleita en los muchachos como si fueran príncipes.

La pintura irradia desenfado, alegría y buen humor. El humor y la ironía son acentos que Jesús Villar suele poner en sus cuadros, son ingredientes necesarios de esta pintura costumbrista o de género. Su composición preferida está en las tres figuras que le permiten reflejar una familia o una propuesta especial, como la de "Monjas Cantoras" o "La Cuadrilla".

(Crítica: Julia Sáez-Angulo, Licenciada en Derecho y Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Estudios de Arte en la Escuela de Louvre, París).

 

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Vom 01/08/2008
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