Retrata a Lucifer (Satanás) en el preciso instante posterior a su caída y derrota en la guerra celestial.
En lugar de mostrarlo como un monstruo, Cabanel lo representa con la anatomía perfecta de un héroe o dios griego.
Su expresión combina rabia, desafío, orgullo, melancolía y una profunda tristeza, destacando una lágrima en sus ojos.