Procedente de la cúspide del arte barroco, alrededor de 1680, este antiguo colgante en forma de cruz encarna la grandeza y la trascendencia espiritual de su época. Elaborado en oro amarillo de 18 quilates, exhibe la exquisita artesanía típica de origen francés o belga. El colgante está adornado con seis diamantes rosas de talla mesa, engastados sobre lámina para realzar su brillo natural, testimonio de las técnicas avanzadas de la época. A pesar del desgaste del oro, evidente en la parte posterior, su encanto histórico se mantiene intacto.