En las postrimerías del siglo XIX, Xavier Dubrand, pintor de origen francés afincado en Buenos Aires, dirige al futuro una confesión que revela la verdad del hombre y del artista bajo la imagen deformada que, con su obra, pasará a la posteridad. \nMientras habla de la parálisis que le impide trabajar en grandes telas y del amor de la mujer que ha guiado su arte por caminos domésticos, salvándolo de la desesperación, asoma Abisinia, palabra que conjura el sueno su gran visión pictorica ya inalcanzable e introduce una vaga inquietud en torno a quien aparecía como un hombre redimido. A partir de este momento, la autora muestra la trama ciega que sostiene el primoroso anverso del cuadro: el lector asiste a unos desdoblamientos del discurso que descubren al artista salvajemente mutilado, rodeado de frialdad y ambición, y aquella primera incomodidad da paso a la idea del crimen. Hombre y artista se enzarzan en una lucha a muerte en el enfermo e indefenso campo de batalla en que han convertido al propio Dubrand. \n\nLa argentina Vlady Kociancich se dio a conocer en nuestro país a raíz de la publicación de La octava maravilla, su primera novela, que Adolfo Bioy Casares se encargaba de presentar. Abisinia viene a confirmar el talento de esta autora, capaz de construir un texto fantástico y sorprendentemente dotado de vida, múltiple y preciso, sencillo y amenazador. Abisinia convierte al lector no sólo en un testigo de excepción, sino en el orgulloso depositario de la historia que narra.