Tras perder su primer cofre durante los turbulentos días de la conjura palaciega, la Condesa de Trastámara encargó este segundo relicario de sándalo como refugio definitivo. A diferencia del anterior, su intrincado calado vegetal fue tallado para confundir a ojos indiscretos, protegiendo bajo su forro de terciopelo rojo las últimas pruebas de su inocencia. Fue el silencio de esta madera, impregnada con su aroma sagrado, lo que finalmente le permitió guardar las cartas que sellaron su exilio. Es un testigo mudo de una caída noble, un santuario donde la lealtad y el peligro conviven eternamente Ancho 30 cm. Fondo 18 cm Alto 14 cm